El cubismo y el futurismo (fundados en 1908 y en 1909, respectivamente) revolucionaron el arte al mostrar un objeto desde varios puntos de vista a la vez, algo que ningún artista había hecho jamás (con la excepción de Cézanne, en cierta medida). Si alguna vez te has visto reflejado en los espejos de un probador y te has sentido desconcertado por las imágenes divididas y multifacéticas de ti mismo, ya puedes empezar a descifrar los lienzos planos de los cubistas, que representaban la realidad desde todos los ángulos. Los futuristas, que eran adictos a la velocidad, condensaron varios movimientos en un único gesto, o una secuencia temporal en un instante.

cubismo Fresnaye_conquest_of_air
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En opinión de ambos grupos, los artistas que les precedieron habían traicionado la realidad al representarla desde un único punto de vista, ya fuera de frente o de perfil. La idea de que un único punto de vista no tiene el monopolio de la verdad era entonces un tema candente. En 1905, Albert Einstein había publicado su teoría especial de la relatividad, según la cual los marcos espacial y temporal varían en función de la posición o el punto de vista del observador. Einstein también había demostrado que la energía y la materia son básicamente lo mismo. Los futuristas abundaron en esa idea fusionando el movimiento (energía) y la materia en sus obras, o transformando la materia en acción.

Cubismo: todos los puntos de vista a la vez

¿Qué es el cubismo? Casca un huevo y luego junta los fragmentos sobre una superficie plana. Acabas de crear una especie de construcción cubista. Puedes ver todos los lados del huevo a la vez, y sin embargo cuesta reconocer que se trata de un huevo.

Los artistas cubistas avanzaron hacia la abstracción descomponiendo la realidad física en formas geométricas, generalmente cubos, y luego reorganizando esos cubos (a menudo de manera independiente respecto de lo que representan) sobre una superficie plana con escasa o ninguna perspectiva. Una pintura cubista te permite ver un objeto físico desde muchos ángulos a la vez (todos los lados del huevo), aunque cabe la posibilidad de que no reconozcas el objeto.

Los cubistas no solo fragmentaban el motivo principal de sus pinturas (el huevo), sino también el fondo (la sartén, la nevera o la cocina). Cuando reconstruían los fragmentos, muchas veces mezclaban el motivo con el fondo, de modo que esas realidades físicas penetraban una en la otra. Dicho de otro modo: si rompes tanto el huevo como la sartén, al reconstruir ambos puedes poner la sartén en el huevo en lugar del huevo en la sartén.

Los fundadores del cubismo fueron Georges Braque y Pablo Picasso. La primera pintura totalmente cubista es Casas en L’Estaque, de Braque. Las casas cúbicas de la pintura parecen rocas deslizándose por una ladera empinada. La pintura casi no tiene profundidad; las casas del fondo son simplemente las que están más altas.

Pablo Picasso

El arte de Pablo Picasso (1881-1973) domina sobre gran parte del siglo XX, probablemente porque siguió el ritmo del progreso, o al menos permaneció pocos pasos por detrás. Su arte atravesó muchas etapas después de que empezara a frecuentar París a finales de la década de 1890. Siendo adolescente, se sumergió en las últimas tendencias artísticas parisinas. Con poco más de veinte años, era él quien marcaba tendencia. Su primera gran etapa fue el período azul (1901-1904), seguido del período rosa (1905-1908), el período cubista analítico (1908-1912) y el período cubista sintético (1912-1919). Después Picasso dejó de pasar por períodos, pero su arte continuó evolucionando.

El primer período de Picasso se llama período azul porque utilizó predominantemente tonalidades azules para representar a personas desdichadas. Se dice que el propio Picasso sufrió una profunda depresión en aquella época, después de que Carlos Casagemas, íntimo amigo suyo, se suicidara en 1901. Los dos jóvenes se habían ido juntos a París en 1900. Poco después, Casagemas se pegó un tiro en un café cuando la mujer que amaba lo rechazó. Picasso pintó varios tributos a su amigo, incluidos La muerte de Casagemas y Evocación: el entierro de Casagemas, y a continuación inició su período azul.

Una de las obras destacadas del período azul de Picasso es La vida, pintada en 1903. En ella vemos a dos jóvenes amantes (ella, totalmente desnuda; él, semidesnudo) de pie frente a una mujer mayor que lleva un bebé en brazos. La mujer mayor los mira, pero ellos no la miran a ella. A lo mejor el niño es de ellos, o quizá representa al hijo que quieren tener. La pareja y la mujer están separados por un espacio que ninguno parece ser capaz de penetrar. La desnudez de los enamorados muestra su vulnerabilidad, mientras que la ropa de la mujer sugiere fortaleza. En el fondo, dos mujeres desnudas igualmente vulnerables se acurrucan en posición fetal en sendos cuadros. Un hombre desnudo intenta sin éxito consolar a una de ellas. La única persona feliz de la pintura es el bebé, que está durmiendo en los brazos de la mujer mayor envuelto por su túnica. La repetición de las posiciones fetales, que transmiten una sensación de vulnerabilidad, y las etapas de la vida representadas por el bebé, la pareja joven y la mujer mayor, parecen hacer alusión al ciclo de la vida y, quizás, a la necesidad de regresar a la seguridad del útero materno.

Picasso pintó al hombre joven con la cara de su amigo Casagemas, lo cual añade otro nivel de significado a la obra. La razón de que la mujer mayor esté mirando a la pareja joven pero ellos no se percaten de su presencia quizá sea que no comparten el mismo espacio: la mujer está recordando su pasado, antes de que Casagemas se suicidara. Las pinturas que hay detrás de los jóvenes podrían representar recuerdos anteriores y posteriores a la muerte de Casagemas.

Las radiografías de La vida muestran sus capas inferiores. Picasso introdujo varios cambios antes de darse por satisfecho con la pintura que nos ha llegado. Los rayos X revelan que, en una versión anterior, la joven amante de Casagemas estaba embarazada. A lo mejor es una alusión a un embarazo real o deseado que motivó su separación. ¿Quién sabe? Más extraño aún es el hecho de que Picasso pintó originalmente su propia cara donde ahora está la de Casagemas. Tal vez los secretos de algunos artistas están mejor enterrados bajo capas de pintura.

El nexo de unión entre las pinturas realistas de Picasso y su etapa cubista es Las señoritas de Avignon (ver la figura 22-1), pintada entre 1908 y 1909. En esta pintura, Avignon no es la ciudad francesa sino una calle de Barcelona donde había prostíbulos. Las señoritas son prostitutas que consideran al espectador un cliente potencial. Picasso desenmascara a esas mujeres, mostrándonos su naturaleza interior y las estructuras geométricas de sus cuerpos.

En 1906 y 1907, Picasso descubrió el arte ibérico primitivo, el primitivismo de Gauguin (los cuadros que pintó en Tahití, ver Cuentos bárbaros en el apéndice) y el arte africano que los marineros llevaron a París desde las colonias francesas. Todas esas influencias contribuyeron a dar forma al nuevo estilo de Picasso: el cubismo. El arte africano también influyó en muchos otros artistas afincados en París. El crítico de arte y poeta Guillaume Apollinaire (1880-1918) dijo que los pintores fovistas André Derain y Maurice de Vlaminck (ver el capítulo 21) quedaron hondamente impresionados por el arte africano porque “lograba reproducir la figura humana sin utilizar ningún elemento de percepción visual directa”.

Dicho de otro modo: los artistas africanos redujeron la figura humana a formas semiabstractas que transmitían los rasgos esenciales del cuerpo y de la personalidad. Picasso, quien dijo que “el arte es la eliminación de lo innecesario”, también quedó impresionado por este aspecto del arte africano. De él aprendió un nuevo lenguaje visual que adaptó y utilizó durante el resto de su vida.

© Imagen digital: Museo de Arte Moderno/Con licencia de SCALA/ Art Resource, NY. © 2007 Estate of Pablo Picasso/ Artists Rights Society (ARS), New York

Figura 22-1

Las señoritas de Avignon es una pintura decisiva en la obra de Picasso, ya que anuncia y a la vez inicia la revolución del arte abstracto

Fíjate en que las caras (o las cabezas) de las dos figuras situadas más a la derecha de Las señoritas de Avignon tienen un aspecto más agresivo, más parecido a máscaras africanas. A través de ellas, Picasso se acerca al sótano instintivo de la naturaleza humana. Una de las cabezas está del revés (girada como la de Regan en El exorcista).

Cézanne tuvo una gran influencia en el estilo cubista de Picasso. Compara Las señoritas de Avignon de Picasso con La montaña Sainte-Victoire de Cézanne (ver el capítulo 20). Verás que los dos artistas redujeron la imagen a bloques geométricos. Obviamente, Picasso profundizó en este planteamiento mucho más que Cézanne.

El cubismo analítico: descomponer la realidad

Georges Braque (1882-1963) y Picasso inventaron el cubismo analítico en 1908. En esta tendencia, el artista presenta los objetos de manera prismática, de forma que el espectador puede ver todas las caras a la vez. Como en un prisma, algunos planos se intersecan, otros se solapan y otros parecen interpenetrarse. Para lograr este efecto, el artista descompone los objetos y figuras en unidades geométricas, generalmente dos o tres formas. A continuación plasma todas las superficies en un único plano. Por último, reduce su paleta cromática a varias tonalidades de uno o dos colores. Visto de otra forma, el artista desposee de color y perspectiva a las formas naturales para que el espectador pueda concentrarse en formas multifacéticas y ver todas las perspectivas simultáneamente (y no distraerse con los colores).

El rostro que pintó Picasso en su Retrato de Ambroise Vollard parece un vidrio marrón hecho añicos. El cuerpo del hombre está fragmentado, aunque la mayor parte de su rostro es reconocible.

El trabajo del pintor consiste en recoger los trozos y reconstruirlos en su imaginación. Pero basta con echar un vistazo a esa persona fragmentada para saber que es imposible recomponerla. De hecho, resulta más interesante en este estado. Picasso y Braque no tardaron en eliminar por completo la representación en el cubismo analítico. Braque dijo: “Solo hay una cosa valiosa en el arte: la que no se puede explicar”.

El posible inconveniente del cubismo analítico es que el artista limita drásticamente sus recursos de expresión (color, forma, perspectiva) para centrarse en un aspecto de la realidad que, hasta aquel momento, había pasado ampliamente inadvertido.

Como Braque y Picasso estaban trabajando con un abanico tan limitado de recursos expresivos, gran parte de las obras que crearon en esa época son indistinguibles. Si no fuera por la firma, sería muy difícil saber cuáles son de Braque y cuáles de Picasso.

Compara el uso limitado que hace Picasso de la forma y la línea en Retrato de Ambroise Vollard con el uso expresivo de la línea, la forma y el color por parte de Matisse en La alegría de vivir, fechada unos pocos años antes. Las líneas sinuosas de Matisse transmiten alegría, sensualidad y desinhibición. Picasso revela las múltiples facetas físicas de un hombre, pero muy poco, o nada, de su naturaleza interior.

El cubismo sintético: pegar la realidad

Braque y Picasso crearon una nueva versión del cubismo, llamada cubismo sintético, en 1912. En lugar de descomponer objetos, pegaban cosas para crear un todo semifigurativo.

Este nuevo estilo de cubismo comenzó con la invención del collage por parte de Picasso. En su primer collage, Naturaleza muerta con silla de rejilla, pegó trocitos de papel (con formas cubistas dibujadas) y un trozo de hule sobre un lienzo de pintura al óleo. El marco es un trozo de cuerda que rodea el lienzo. Inspirado por esta creación, Braque inventó una variante llamada papier collé, donde el objeto plano o material que se pega en el collage generalmente se recorta para representar algo en la obra de arte. Por ejemplo, si uno de los elementos fuera un peine que representara el cabello de un hombre, podría seguir pareciendo un peine aunque se cortara con la forma de cabello. Es decir, ese elemento participaría en la ilusión artística creada por el collage pero a la vez conservaría su realidad como peine.

Tanto Picasso como Braque ampliaron sus paletas cromáticas y su repertorio de formas durante esta fase del cubismo, y continuaron manipulando la perspectiva. Mediante la superposición de objetos confirieron a sus obras una sensación de profundidad escultórica. Pero en lugar de hundir la mirada en el lienzo hacia un punto de fuga, como en una pintura tradicional, la tridimensionalidad surge de la obra en dirección al espectador. En ocasiones el artista, utilizando lápiz o carboncillo, proyectaba sombras en distintas direcciones para que la tridimensionalidad real de la obra pareciera contradecir la intención figurativa.

Al comparar pinturas cubistas de Picasso con La vida, se observa un sorprendente parecido. En La vida, Picasso ya está jugando con el punto de vista, solo que en un plano emocional. Los puntos de vista de la mujer mayor, el hombre joven y la mujer joven no terminan de cuadrar. Nadie conecta, y sin embargo sus puntos de vista se entrecruzan en ángulos sorprendentes como los planos de sus obras cubistas. Además, los cuadros que aparecen dentro de la pintura parecen fragmentos cubistas del todo. Puedes ver que encajan, pero, al ser piezas de un rompecabezas cubista, no estás seguro de cómo. Aunque La vida es una obra figurativa, su composición anticipa algunos de los ingredientes del cubismo.

Fernand Léger: cubismo para la gente corriente

Fernand Léger (1881-1955), pintor, grabador, ceramista y escenógrafo, amplió la paleta de colores del cubismo (igual que hizo Juan Gris) y de este modo logró nuevas posibilidades expresivas. En 1911, Léger se unió a Marcel Duchamp, Guillaume Apollinaire, Robert Delaunay, Francis Picabia y otros artistas para crear una rama del cubismo conocida como orfismo. Dado que solían reunirse en el suburbio parisino de Puteaux, se llamaron a sí mismos el grupo de Puteaux.

La forma de cubismo de Léger era muy diferente de la que seguían Picasso y Braque. Además de utilizar más colores, Léger incluía en sus obras curvas y formas tridimensionales como cilindros. Le gustaba especialmente combinar colores primarios para resaltar las sorprendentes incongruencias de la vida cotidiana. “Los contrastes pictóricos utilizados en su sentido más puro serán… la base estructural de las pinturas modernas”, dijo.

Durante la primera guerra mundial, el estilo de Léger evolucionó. Él mismo declaró que cuando fue llamado a filas aprendió a apreciar a “la gente”. Durante un período de convalecencia después de sufrir un ataque con gas mostaza, dibujó y pintó lo que veía a su alrededor (también ilustró la guerra de trincheras cuando se encontraba en servicio activo). Léger consideraba que el arte había dejado de lado a la gente corriente y solo agradaba a los intelectuales. Por esa razón creó un estilo de arte para la gente llana, una forma de cubismo que reflejaba la vida real y a la vez ensalzaba la era de las máquinas, que él esperaba que mejorara las condiciones de vida de la clase trabajadora. Los soldados que veía jugando a las cartas durante la primera guerra mundial inspiraron a Léger para pintar La partida de cartas. Los soldados de la pintura parecen robots desmontados jugando a las cartas dentro de una máquina. Esta imagen pretende ser un cumplido, al sugerir que los hombres son tan eficientes como las máquinas.

En esta obra, Léger juega con los ángulos a la vez que crea un contraste entre los miembros cilíndricos y un fondo compuesto por cuadrados rojos y amarillos. Las notas de color verde armonizan con los tonos amarillos y chocan con los rojos. A pesar de su aspecto robótico, la pintura de Léger no está carente de emoción. Estos hombres mecánicos tienen personalidades. El jugador de la derecha tiene la típica “cara de póquer”: se le ve confiado pero aburrido, mientras apoya la barbilla sobre su mano izquierda (con un cigarrillo entre los dedos) y enseña lo que él considera una mano ganadora. Su oponente, más rígido, mira sus cartas a ver si todavía puede ganar.

Futurismo: el arte que superó el límite de velocidad

Los futuristas introdujeron dos innovaciones en el mundo del arte: la compresión del movimiento y una mayor interpenetración de los motivos y los fondos. Aunque fotógrafos anteriores como Eadweard Muybridge habían capturado instantáneas de personas o animales en movimiento, los futuristas representaron figuras y máquinas en instantes sucesivos pero en una sola imagen. Es como si rodaran una secuencia cinemática y la comprimieran en un solo fotograma.

En el primer Manifiesto futurista (publicado el 20 de febrero de 1909 en el diario parisino Le Figaro), el poeta italiano Filippo Tommaso Marinetti (1876-1944), fundador del grupo, dijo: “Declaramos que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad… Debe hacerse un barrido general de cuanto es tema rancio y raído, con objeto de expresar la vorágine de la vida moderna, una vida de acero, fiebre, orgullo y temeraria velocidad”.

El primer Manifiesto futurista fue poco más que un desvarío, un grito para anunciar que la vieja guardia tenía que dar paso a la vanguardia. Los futuristas declararon lo siguiente:

Deseamos demoler los museos y las bibliotecas… ¡Museos, cementerios! Idénticos verdaderamente en su siniestra promiscuidad de cuerpos que no se conocen… Admitimos que se haga a estas necrópolis una visita anual, como va a verse anualmente a los muertos queridos, y hasta concebimos que se ofrenden flores a los pies de La Gioconda una vez al año.

Marinetti pronto atrajo a otros al movimiento: Umberto Boccioni (pintor y escultor), Gino Severini (pintor), Giacomo Balla (pintor), Luigi Russolo (pintor y compositor) y Carlo Carrà (pintor y escritor). En 1910, los futuristas publicaron el Manifiesto técnico de la pintura futurista (su tercera publicación), que ofrece algunas ideas visionarias sobre una forma de arte más activa:

Todo se mueve; todo corre; todo se torna veloz. La figura nunca está inmóvil ante nosotros, sino que aparece y desaparece incesantemente. Por culpa de la permanencia de la imagen en la retina, las cosas en movimiento se multiplican… Así, un caballo a la carrera no tiene cuatro, sino veinte patas.

Los futuristas no solo comprimieron una serie de movimientos en una única imagen, sino que también ilustraron la interacción entre el hombre y su entorno fusionando ambos:

Nuestros cuerpos se incorporan a los sofás en los que nos sentamos, y los sofás se incorporan a nosotros, como también se incorpora a ellos el tranvía que circula entre las casas, y los sofás a su vez se abalanzan sobre él y se funden con él.

Con este sistema de interacción e interpenetración, los límites que separan a los seres humanos de su entorno se difuminan. La geografía se convierte en parte de la identidad. Si alguien afirma con orgullo que es de Barcelona, las torres de la Sagrada Familia y el monumento a Colón le estarán atravesando la cabeza, y su cuerpo estará sumergido en el mar Mediterráneo.

Los futuristas también querían que su público participara activamente en sus collages vivos, que entrara en sus pinturas en lugar de verlas desde fuera como turistas en un museo:

La construcción de los cuadros es estúpidamente tradicional. Los pintores siempre nos mostraron cosas y personas colocadas ante nosotros. Nosotros pondremos al espectador en el centro del cuadro.

Para erradicar del mundo lo que ellos consideraban los dinosaurios del arte y la cultura antiguos, los futuristas abogaron por la guerra. “Queremos glorificar la guerra, única higiene del mundo”, escribió Marinetti. En 1918, Marinetti fundó un partido político futurista que terminó fusionándose con el partido fascista de Mussolini en 1919.

En los siguientes apartados comento la obra de dos de los futuristas más destacados, Umberto Boccioni y Gino Severini.

Umberto Boccioni

Umberto Boccioni (1882-1916), pintor y escultor, es considerado el mejor artista del movimiento futurista. Una de sus obras que ilustra la idea futurista de fusión del hombre con su entorno es La strada entra nella casa (La calle entra en la casa), pintada en 1911. En este cuadro, una mujer asomada a un balcón absorbe la escena hiperactiva que se despliega ante sus ojos: la calle sube al balcón y la atraviesa, y los caballos colorados de abajo galopan a través de su cuerpo y su conciencia. Los edificios vecinos se infiltran en el piso de la mujer, y los más lejanos se inclinan unos sobre otros, compartiendo paredes. La tumultuosa energía de la vida urbana infecta todo y a todos.

Una de las obras más famosas de Boccioni es la escultura Formas únicas de continuidad en el espacio (ver la figura 22-2). La estatua de bronce de un corredor robótico es el ideal futurista: un ser humano con el dinamismo y la velocidad de una máquina. La figura parece un híbrido de Darth Vader y la Niké de Samotracia: fuerza y acción en una única forma. Irónicamente, en el Manifiesto futurista original, Marinetti declaró que: “un automóvil rugiente, que parece correr como la metralla, es más bello que la Niké de Samotracia” (ver el capítulo 7).

Scala/Art Resource, NY

Figura 22-2

Formas únicas de continuidad en el espacio, de Boccioni, ilustra el concepto futurista de simultaneidad: muchos momentos sugeridos por una sola imagen

La estatua también recuerda al policía de metal líquido de Terminator II (1990) durante una de sus transformaciones. El hombre se licua, cambia de forma y avanza al siguiente instante, todo al mismo tiempo. Formas únicas de continuidad en el espacio es tan futurista hoy como lo era en 1913, cuando Boccioni la creó.

Transfiriendo las ideas de la pintura futurista a la escultura, Boccioni escribió en su Manifiesto técnico de la escultura futurista: “Abramos de par en par la figura y encerremos en ella el medio donde vive”.

Gino Severini

Gino Severini (1883-1966) fue uno de los artistas futuristas más originales. Fuertemente influido por el cubismo, sus lienzos geométricos a menudo muestran una actividad caleidoscópica que parece exponer la vida desde todos los ángulos. Solía utilizar colores afines para fusionar las formas, y colores complementarios para sugerir acciones dramáticas. Por ejemplo, en Tren de la Cruz Roja cruzando una población, una estilizada locomotora de la Cruz Roja francesa atraviesa casas y colinas. El paisaje de colinas triangulares, árboles esbeltos y edificios rectilíneos está tan fragmentado como el tren, como si se hubiera diseñado para acomodar la velocidad.

En El Boulevard, Severini integra a las personas en el paisaje urbano por el que transitan, pero a la vez conserva parte de sus rasgos individuales. Esta bella escena parece un estampado semiabstracto de una estación de esquí. Sin embargo, al igual que ocurre en otras obras futuristas, la impresión global es que el artista ha captado la conciencia fragmentada del entorno de un ser humano. Algunas obras de Severini podrían calificarse de futurismo cubista.

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