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5. El Arte Mesopotámico

El Arte Mesopotámico: Dioses volubles, arte guerrero y el nacimiento de la escritura:

Abraham, el padre de la religión judía, fue un iraquí (más o menos). Según la Biblia nació en Ur, una de las primeras ciudades del mundo, que se encontraba en Mesopotamia, el actual Irak. Lo que pasa es que en aquella época esa parte de Mesopotamia se llamaba Sumeria.

arte mosopotanico

Por lo tanto, Abraham era en realidad un sumerio o, para ser más exactos, un urita (si es que se llamaban así los nacidos en Ur). Los historiadores no saben cuándo salió Abraham de Ur, pero hasta el año 2334 a.C. era una ciudad-estado independiente. Sumeria en realidad no era un país, sino un conjunto de ciudades-estado, como la antigua Grecia. Estaba formada por Ur, Uruk (Erec en la Biblia), Eridu, Larsa y ocho ciudades más del sur de Mesopotamia. A pesar de estar vinculadas por la cultura, la religión y el hecho de compartir el primer lenguaje escrito del mundo, las ciudades-estado estuvieron desunidas durante más de mil años. No obstante, los sumerios llamaron a aquel “país” fragmentado la “tierra de los señores civilizados”, lo que da a entender que tenían unos vecinos bastante “poco civilizados”. También se llamaron a sí mismos “la gente de cabeza negra”.

Sumeria era una tierra de pioneros. El patriarca sumerio Abraham fundó el monoteísmo (creencia en un único Dios), y los sumerios inventaron la escritura. También crearon el primer poema épico, Gilgamesh, y los primeros códices de leyes, el más famoso de los cuales es el Código de Hammurabi. La rueda más antigua conocida (con una antigüedad de 5.500 años) se encontró en aquella región, y parece que fueron los sumerios quienes fabricaron el primer torno de alfarero. ¡Menuda capacidad inventiva!

Mesopotamia, que en griego significa “entre ríos”, está delimitada por los ríos Tigris y Éufrates, que la fertilizan todo el año. Por esta razón se conoce también como el Creciente Fértil. Algunos arqueólogos creen que esta tierra tan fecunda, donde antiguamente abundaban los árboles frutales y los cereales, era el jardín del edén mencionado en la Biblia.

La geografía era propicia para los campesinos mesopotámicos, pero no para sus gobernantes. A diferencia de Egipto, rodeado por defensas naturales (desiertos al este y al oeste, y el mar Mediterráneo al norte), Mesopotamia carecía de montañas, desiertos y océanos que la protegieran. Era un territorio fácil de conquistar y difícil de defender. Los vecinos “poco civilizados” de los sumerios (tribus nómadas del desierto) debieron de sentir una atracción irresistible por aquel oasis floreciente. El poder en Mesopotamia cambió de manos en numerosas ocasiones durante los 3.000 años en que los faraones mantuvieron un dominio estable sobre Egipto. El arte de ambas civilizaciones narra la historia de sus gobiernos. La estabilidad de Egipto se trasladó a su arte, que apenas cambió en 3.000 años (ver el capítulo 6). El arte mesopotámico, por el contrario, cambió tan a menudo como sus gobernantes, ya que cada conquistador aportó nuevas influencias.

En este capítulo analizo el arte y la arquitectura de los sumerios, acadios, asirios, babilonios y nuevos babilonios. Aunque cada pueblo tenía un estilo distintivo, todos esos estilos se entremezclaban como las ramas de un gran árbol familiar del arte y la arquitectura que en este capítulo te describo a grandes rasgos.

Camino de las nubes: la arquitectura sumeria

Cada ciudad-estado sumeria tenía su propio dios, que la dominaba y la protegía (más o menos como la diosa griega Atenea protegía Atenas). Los reyes-sacerdotes gobernaban las ciudades-estado como “pastores de personas” designados por los dioses. Lo controlaban todo, desde la economía hasta las cuestiones religiosas, y además distribuían los alimentos, ya que incluso el trabajo del pueblo se consideraba propiedad de dios.

Escalera hacia el cielo: los zigurats

Luego dijeron: “Ea, edifiquemos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo” [Descripción de la construcción de la Torre de Babel, o Torre de Babilonia.] — Génesis 11, 4

Los sumerios intentaron acercarse físicamente a dios con su arquitectura. Como sus dioses vivían en el cielo, construyeron templos muy altos (ese mismo impulso de elevarse hacia dios parece ser el que motivó a los arquitectos de las catedrales góticas de la Edad Media). Los sumerios alcanzaron esas grandes alturas por medio de zigurats, unas construcciones que parecen pasteles de bodas de hasta siete pisos. El templo estaba en lo más alto, cerca de dios. La Torre de Babel de la Biblia (ver el apartado siguiente) probablemente fuera un zigurat.

Dado que los sumerios no tenían acceso a la piedra caliza, como los egipcios, levantaron sus zigurats, templos y palacios con ladrillos de barro cocido, que tenían una vida útil mucho más corta que la caliza o el granito (los materiales utilizados por los egipcios para construir las pirámides). Tal y como se dice en el Génesis 11, 3: “Se sirvieron de los ladrillos en lugar de piedras, y de betún en lugar de argamasa”.

La mayor parte de la arquitectura sumeria ha desaparecido, y resulta difícil valorar su grandeza original a partir de las ruinas que han quedado. No obstante, el poema épico Gilgamesh ofrece una breve descripción de la rutilante belleza de un templo sumerio de Uruk:

De la terraplenada Uruk el muro construyó. Del reverenciado Eannal, el santuario puro. ¡Contempla su muralla exterior, cuya cornisa es como el cobre! ¡Mira la muralla interior, que nada iguala! ¡Advierte su umbral, que de antiguo viene! Acércate a Eanna, la morada de Ishtar, que ni un rey futuro, ni un hombre, puede igualar. Levántate y anda por los muros de Uruk, inspecciona la terraza de la base, examina sus ladrillos. ¿No es obra de ladrillo quemado? ¿No echaron sus cimientos los siete sabios?

Los zigurats tenían largas escalinatas que recorrían todas las terrazas, ascendiendo en dirección al cielo y al panteón sumerio. Sin embargo, tan solo los sacerdotes podían utilizar las escaleras y acceder al templo situado en lo más alto.

Del zigurat del rey Ur-Nammu únicamente se ha conservado el primer nivel, pero con eso basta para apreciar los impresionantes conocimientos de arquitectura e ingeniería que tenían los antiguos sumerios.

La Torre de Babel

Nabucodonosor II, rey de Babilonia (605 a.C.-562 a.C.), robó objetos sagrados del templo de Jerusalén y los llevó al zigurat de Babilonia. Con eso probablemente quiso demostrar que sus dioses eran más poderosos que el dios hebreo. Según II Crónicas 36, 7, “Llevó también Nabucodonosor para Babilonia parte de los objetos del templo de Yavé y los puso en su palacio de Babilonia”.

Para los judíos cautivos, el enorme zigurat de Babilonia debió de simbolizar el desmesurado orgullo de Nabucodonosor. Pero, en general, los sumerios y los babilonios construyeron zigurats para estar en contacto con los dioses, no para elevar sus egos personales.

Se aprueba la moción: la escultura sumeria

Los sumerios tenían muchos dioses: un dios-sol llamado Shamash; Enlil, el dios del viento; Anu, el rey de los dioses; e Ishtar, la diosa del deseo, por citar solo unos pocos. Además, cada ciudad tenía un dios local que actuaba como portavoz en la asamblea de los dioses, más o menos como un diputado parlamentario. En su calidad de portavoz, el dios local se aseguraba de que los dioses dominantes (como el dios del sol y el dios de las crecidas) concedieran privilegios especiales a su ciudad. La gente podía pedir cosas a su dios local de manera indirecta a través del sacerdote-rey (más o menos como si ahora escribieras una carta a tu diputado), o también podían elegir un cauce más directo, encargando una estatua de ellos mismos y poniéndola en el templo.

Adorar imágenes grabadas

Igual que la mayoría de los dioses, las divinidades sumerias vivían en algún lugar del cielo o de las montañas (aunque, naturalmente, no tenían una dirección concreta), y también residían en las estatuas puestas en su honor en los tempos de cada ciudad-estado. En Sumeria, una estatua de dios no era una simple representación (como ocurriría luego en Grecia), sino que era el propio dios. Las divinidades podían estar en más de un lugar a la vez.

Las estatuas también podían sustituir a los ciudadanos normales. Es decir, si un sumerio encargaba una estatua suya, parte de él pasaba a residir dentro de esa estatua, como un hogar lejos de su hogar. Por esta razón los sumerios ponían estatuas de ellos mismos en los templos, donde podían interactuar con la estatua del dios local.

Duelo de miradas con dios: las estatuillas del Templo de Abu

La gente ponía estatuas en los templos para comunicarse directamente con dios. Un ejemplo de ello son las estatuillas del Templo de Abu. ¿Son extraterrestres de ojos saltones o es que los antiguos sumerios tenían ese aspecto? Las estatuillas (la mayor de las cuales mide 75 centímetros de alto) se llaman estatuas votivas, porque representaban a sumerios reales que adoraban a su dios local o querían ganarse su favor.

De acuerdo, pero ¿por qué tienen los ojos saltones? En las películas de miedo, a la gente se le salen los ojos de las órbitas cuando ven a un fantasma. A los sumerios les ocurría lo mismo cuando veían a un dios. Tener los ojos saltones significa que eras una persona devota; demostraba que te quedabas anonadado en presencia de dios y que no podías dejar de mirarle. Naturalmente, los habitantes de Tell Asmar no tenían ese aspecto (aunque la ropa, las barbas y los peinados sí reflejan fielmente la realidad de la época). Tell Asmar era una ciudad pequeña y sus escultores eran menos esmerados, por decirlo así, que los artistas de grandes ciudades como Ur y Uruk.

comparacion.pngCompara las estatuillas del Templo de Abu con la exquisita máscara de un dios de Uruk tallada alrededor de mil años antes, más o menos cuando los sumerios inventaron la escritura (ver la figura 5-1). Casi con toda probabilidad, los ojos de la máscara tenían incrustadas piedras de colores. Suponemos también que las cejas y el cabello eran de oro o cobre, que se han perdido.

Cabeza de una diosa de Uruk, esculpida entre el 3500 a.C. y el 3000 a.C.

Las primeras estatuas egipcias parecen descuadradas y rectangulares (ver el capítulo 6). Sin embargo, las estatuas sumerias son cilíndricas. De hecho, los artistas sumerios basaron el cuerpo humano en el cilindro y el cono. Las estatuillas del Templo de Abu, muchas de las cuales representan a hombres, llevan faldas largas con forma cónica. Las piernas son cilindros, y las trenzas parecen tubos de aspiradora. La mayoría de los hombres lucen barbas escalonadas.

El arpa de Puabi

Cuando un rey sumerio moría, no se iba solo a la tumba. El rey Abargi de Ur fue enterrado con más de sesenta soldados, asistentes y músicos. Algunos de estos invitados llevaban cascos y lanzas para proteger al rey frente a los peligros del más allá, otros llevaban instrumentos musicales (incluida el arpa de Puabi, representada en la figura 5-2) para amenizar el viaje, y unos pocos conducían carros tirados por bueyes. Los restos de esos bueyes también se hallaron en la tumba. La reina Puabi se fue al otro mundo acompañada por más de veinte asistentes, incluidos tres soldados armados con dagas de cobre y diez mujeres bellamente ataviadas que fueron enterradas en dos hileras enfrentadas. Los historiadores no saben si esos acompañantes se suicidaron o simplemente fueron ejecutados por soldados. ¡Lo que sí sabemos es que trabajar para un gobernante sumerio era una ocupación muy exigente!

Panel del arpa de Ur; Museo de arqueología y antropología de la Universidad de Pensilvania

La cara frontal del arpa de Puabi ilustra cuatro fábulas antiguas

La exquisita decoración que adorna el arpa de Puabi demuestra que los artistas de Ur eran unos consumados artesanos. Del instrumento sobresale la cabeza de un toro dorado. Las puntas de los cuernos, el pelo de la cabeza, los ojos y la intrincada barba están hechos de lapislázuli, una piedra semipreciosa de color azul celeste o azul intenso. La fuente más cercana de lapislázuli se encontraba en Afganistán, a más de 3.000 kilómetros de distancia. ¡Obviamente, el comercio era una actividad floreciente en aquella región de Asia! Bajo la barba del toro se encuentran cuatro registros que representan fábulas de animales y están decorados con incrustaciones de nácar sobre una base de betún (una brea mineral obtenida a partir de carbón o aceite).

Pero ¿quién es el toro con la punta de los cuernos de color azul? En el registro superior, un hombre desnudo abraza dos toros como si se tratara de antiguos amigos del colegio. Los rostros de los toros son casi un reflejo exacto del rostro del hombre, y los animales le rodean la cabeza con sus patas y pezuñas. Esta imagen, común en el arte mesopotámico, se llama a veces el “motivo de Gilgamesh”. En el poema épico sumerio Gilgamesh (la historia del primer superhéroe de la literatura), Gilgamesh y su amigo Enkidu matan al Toro del Cielo, cuyos cuernos también son de lapislázuli, como la cabeza de toro que adorna el arpa.

Las tres imágenes que hay debajo del motivo de Gilgamesh cuentan una historia visual, o quizás una serie de fábulas inventadas mucho antes que las de Esopo. Un león, un oso, un lobo, un ciervo, un asno, una gacela y un hombre-escorpión sirven comida y bebida o tocan instrumentos como los animales humanoides de las películas de Disney. Algunas de estas escenas debieron de parecer cómicas incluso entonces, como el asno que toca el arpa o el lobo y el león que llevan comida y bebida a una fiesta. Irónicamente, el lobo (que porta un cuchillo en el cinto), lleva una cabeza de lobo en una bandeja (quizá fuera un primo suyo), y parece que va a servirla para cenar. Actualmente solo podemos hacer conjeturas sobre el significado de estas imágenes, especular sobre lo que aparentemente son ironías, y disfrutar de la gran habilidad de unos artistas que vivieron hace más de cuatro milenios.

El Estandarte de Ur

El Estandarte de Ur muestra la celebración de una victoria militar sumeria que tuvo lugar aproximadamente el año 2600 a.C. El artista narra la historia de la batalla y la fiesta posterior a través de imágenes grabadas sobre tres registros paralelos en ambos lados de una caja de madera. El anverso (ver la figura 5-3) representa escenas de la batalla, mientras que en el otro lado (ver la figura 5-4) se celebra la victoria con un banquete. El rey es el hombre alto que hay en el centro del registro superior (en el lado alusivo a la batalla), examinando a los prisioneros desnudos (uno de los cuales tiene los ojos vendados) llevados en fila ante él. Los registros de debajo muestran la batalla propiamente dicha. Esta narración visual debe leerse de abajo arriba, ya que la batalla está en su apogeo en el registro inferior y el rey hace prisioneros en el registro superior.

Observa cómo el artista superpone los asnos salvajes (llamados onagros) que tiran de los carros en los registros superior e inferior de la cara de la batalla. Y fíjate en el dramatismo de los enemigos pisoteados por los animales en el registro inferior.

Panel del arpa de Ur; Museo de arqueología y antropología de la Universidad de Pensilvania

El Estandarte de Ur, que mide 21,5 cm de alto por 49,5 cm de ancho, es una caja de madera incrustada con piezas de nácar, lapislázuli y caliza roja. Nadie sabe para qué se utilizó. Esta es la cara de la batalla

La cara del Estandarte de Ur que representa la celebración

La cara de la paz (ver la figura 5-4) representa un banquete de celebración tras la victoria. Siguiendo el orden de lectura de abajo arriba, vemos que los hombres llevan a la fiesta lo que parece ser un botín de guerra. En el registro central, la procesión de comida y regalos continúa. El registro superior muestra el banquete, personas comiendo y bebiendo junto al rey mientras un músico toca el arpa.

A pesar de toda la actividad, el Estandarte de Ur es una obra estática, congelada en el tiempo. Mil años más tarde, en el norte de Mesopotamia, los asirios mejoraron la narrativa visual espectacularmente, hasta el punto de convertir sus obras en películas de acción (ver “El arte asirio”, más adelante en este mismo capítulo).

Acechados por guerreros de piedra: el arte acadio

El año 2334 a.C. un poderoso rey finalmente logró la unión de Mesopotamia. Pero no era sumerio. Sargón I, un rey acadio de la zona norte de Sumeria, conquistó Mesopotamia, el norte de Siria y posiblemente parte de Anatolia (la actual Turquía), creando así uno de los primeros imperios. Con la llegada de Sargón, los devotos sumerios tuvieron un nuevo tipo de líder que antepuso la política a la religión. Bajo su gobierno, el arte se convirtió en una herramienta propagandística o en otra pieza de su máquina de guerra. Lo utilizó para lograr sus ambiciosos fines, no para honrar a los dioses. No obstante, tanto Sargón como sus sucesores acadios respetaron la religión sumeria. La hija de Sargón incluso llegó a ser sacerdotisa de Nanna, el dios luna de Ur. Sin embargo, Sargón impuso el acadio como la lengua de Sumeria. La cultura sumeria entró en vías de desaparición, si bien experimentó un breve resurgimiento antes de perecer.

Un ejemplo del nuevo arte de Sargón es la cabeza de un gobernante acadio, procedente de Nínive. El rey se nos presenta como un gobernante poderoso pero laico (no es un pastor del pueblo). Parece tranquilo, pero sus rasgos imponentes están imbuidos de una energía furiosa. El estilo es similar a la escultura sumeria. El artista creó una barba como la que tenían las estatuillas del Templo de Abu, pero el rostro es mucho más realista y está ejecutado con gran brillantez, en particular los magníficos contornos de los labios y la nariz aquilina.

Grabado en piedra: el Código de Hammurabi

El imperio acadio perduró dos siglos aproximadamente, hasta que las tribus venidas del nordeste lo conquistaron el año 2112 a.C. Ur-Nammu, el rey sumerio de Ur, que había conservado su independencia, los expulsó cincuenta años más tarde y volvió a unir Mesopotamia durante otro siglo, hasta que una nueva horda de conquistadores acabó para siempre con los reyes sumerios. Esos siglos tempestuosos no produjeron grandes obras de arte. Finalmente, en el año 1792 a.C., Babilonia emergió como una gran potencia política y cultural en el sur de Mesopotamia bajo el dominio del rey Hammurabi, su gobernante más famoso. El arte y la cultura sumerios volvieron a florecer. Hammurabi respetó a los dioses sumerios hasta el punto de crear un código de leyes dictadas por los dioses (el primer código legal escrito de la historia), para ayudar a ejecutar sus designios morales en la Tierra. El código se escribió en caracteres cuneiformes, la forma de escritura sumeria.

Igual que Moisés, Hammurabi dijo que había recibido este código legal directamente de Dios. En la estela (una losa de piedra vertical grabada o inscrita, y utilizada como monumento), Hammurabi se encuentra con el dios sol Shamash, pero no de rodillas como Moisés, sino de pie, cara a cara con dios. Bajo la imagen, Hammurabi escribe una impactante introducción a las leyes:

Anum y Enlil me designaron a mí, Hammurabi, príncipe piadoso, temeroso de Dios, para que proclame en el país el orden justo, para destruir al malvado y al perverso; para evitar que el fuerte oprima al débil; para que, como hace Shamash, me alce sobre los hombres, ilumine el país y asegure el bienestar de las gentes.

El código de leyes de Hammurabi impidió que los jueces pronunciaran sentencias arbitrarias influidos por sus sesgos personales. No obstante, a la luz actual muchas de las leyes parecen brutales:

visto.png Si un hijo ha golpeado a su padre, se le cortará la mano.

visto.png Si un hombre roba un buey o una oveja, o un asno, o un cerdo, o una cabra, sean del dios o del palacio, el ladrón pagará treinta veces su valor; si perteneciera a un hombre liberado por el rey, pagará diez veces. Si el ladrón no tiene con qué devolver, será ejecutado.

visto.png Si un hombre le arranca un diente a otro hombre de igual rango, que le arranquen un diente [similar a la ley hebrea del Talión: “Ojo por ojo y diente por diente”].

A pesar de su severidad, el Código de Hammurabi representó el comienzo de los derechos civiles, considerados “derechos inalienables” en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Hammurabi seguramente sabía que, al escribir el código en piedra, las leyes parecerían inamovibles.

El arte asirio

En 1596, aproximadamente cien años después de la muerte de Hammurabi, los hititas conquistaron Babilonia. No produjeron grandes obras de arte. Poco después fueron los casitas quienes se hicieron con el control de la región. Más o menos en esa época, en el norte de Mesopotamia, los asirios, desde la ciudad-estado de Assur, crearon un vasto imperio que duró desde el 1363 a.C. hasta el 612 a.C., cuando fueron conquistados por los persas y los escitas. Con sus armas de hierro, aterrorizaron a sus vecinos y destruyeron sin piedad a todo aquel que se les oponía.

Los asirios crearon un arte viril que encumbraba a sus gobernantes e intimidaba a sus enemigos. Cada rey asirio construyó un palacio más grande que el de su predecesor para alardear de su poder.

Unos seres de cinco patas llamados lamasu (mitad toro, mitad hombre), con barbas muy largas, custodiaban las puertas de la ciudadela de Sargón II. Debido a la quinta pata, si el lamasu se mira de frente, parece que está quieto, y si se mira lateralmente, parece caminar. Y lo que es más importante: para mostrar sus hazañas militares y sus expediciones de caza simuladas (liberaban a los animales de sus jaulas y luego los mataban), los asirios inventaron la narración visual continua, que confirió a sus historias el ritmo propio de una película de acción. Dicho de otro modo, sus historias ilustradas se “leían” como los fotogramas de una tira de celuloide, de manera que cada suceso conducía inevitablemente al siguiente.

comparacion.pngPara apreciar esta contribución artística, compara un relieve asirio con el Estandarte de Ur (ver las figuras 5-3 y 5-4). La victoria descrita en el Estandarte de Ur se narra por partes. Además de que la narración se frena al final de cada registro, los hechos mostrados en el registro carecen de inercia dramática: una acción no conduce a la siguiente. El relieve asirio titulado Asurbanipal cazando leones desde un carro (ver la figura 5-5) es cinemático y rebosa dinamismo. Puedes notar la tremenda fuerza del león que se abalanza sobre el rey, y sientes lástima por el león que muere a los pies de los caballos tras ser herido momentos antes. Date cuenta de que la importancia ya no viene indicada por el tamaño físico (como en el Estandarte de Ur), sino por la acción.

Asurbanipal matando un león (de la cacería de Asurbanipal).

Babilonia tiene un bebé: la nueva Babilonia

Después de que los persas y sus aliados saquearan Nínive, la capital asiria, Babilonia resurgió como centro de la cultura mesopotámica. Nabopolasar, un general babilonio que se había aliado con los persas, se convirtió en el primer rey de la nueva Babilonia. Aunque el reino duró tan solo setenta años, su belleza y su cultura han adquirido carácter legendario, en particular bajo el gobierno del famoso hijo de Nabopolasar, Nabucodonosor.

Nabucodonosor es conocido por el regalo que supuestamente hizo a su mujer: los Jardines Colgantes de Babilonia, una de las siete maravillas del mundo antiguo. Sin embargo, los jardines colgantes en realidad no lo eran. Se trataba de unas terrazas elevadas que se regaban con agua procedente del Éufrates. A ojos de los visitantes, debió de ser como si hubiera surgido un oasis en los tejados de Babilonia.

Los reyes de la nueva Babilonia regresaron al modelo sumerio de ser “pastores de personas”. Aunque Nabucodonosor atacó Judá, los neobabilonios eran mucho menos belicosos que los asirios. El arte neobabilónico reflejó este período más sosegado y amable: era mucho menos agresivo y menos activo que el arte asirio.

Nabucodonosor reconstruyó Babilonia y la convirtió en la ciudad más hermosa de la Tierra. Uno de sus logros arquitectónicos más destacados es la Puerta de Ishtar, la espléndida entrada a la ciudad. Los animales de la Puerta de Ishtar parecen ornamentos. Sobre los ladrillos vidriados de color azul destacan las siluetas de caballos, toros y dragones en tonos dorados, turquesas y azules. La parte superior de la puerta está almenada como un castillo medieval. Pero en lugar de cuadrados, las almenas se elevan como pequeños zigurats.

¿Cuál es la diferencia entre la Puerta de Ishtar y el arte asirio? En la Puerta de Ishtar, todos los animales adoptan la misma pose. No hay movimiento porque no se pretende contar una historia. Quisieron crear una puerta bella e imponente, un reflejo del gusto exquisito de Nabucodonosor. La rigidez de los animales contribuye a esta impresión. La sensación de movimiento iría en detrimento de la majestuosidad solemne de la puerta dedicada a la diosa.

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